domingo, 5 de octubre de 2014

Ahora no.

No duermes porque no quieres dormir, porque a veces deseas dormir y no despertarte más, y finges no tener sueño, lo finges para ti, es tu obra, tu necesidad, tu sabes que no es lo correcto, tu sabes que no debes desear morir, es como cuando no comes porque no tienes hambre, pero sabes que tienes que comer porque es lo que hacen los humanos y se trata de ser humana. Luego solo te sientes mal porque no querías comer. Ni por gorda ni por obediente, solo porque no querías comer y lo has hecho. Es lo opuesto a cuando te niegas a sentirte mal porque te crees que puedes sentir lo que quieras. Porque tratas de convencer a los demás de que vivir es muy fácil. Solo es que te sientes muy mal. No es solo, es que es mucho. Es incluso peligroso. Hoy por hoy no haces nada productivo, es así como muy contrario a como te imaginabas tu supuesto último año de vida. Ya no tienes esas ganas de parar y pensar y parar y sentir. Solo absorbes. Absorbes y contienes y no respiras, ya no. Ni te mueves ni te paras ni buscas entender nada, no tienes respuestas ni te atreves a preguntar. No vas al médico, no das abrazos, todos saben que algo jodido pasa, todos saben que no se te puede acariciar, que no te gusta el contacto humano, o que si que te gustaría te encantaría de hecho tenerlo, pero te niegas y no puedes, es como cuando te niegas a comer porque sabes que no puedes o que tu cuerpo no va a retenerlo y al final es así. No puedes y ya no quieres tener sexo. No atiendes en la calle, ya no observas, sales porque si no lo hicieses, todos los días serían igual, o serían lunes, o serían domingos que es peor, 24 horas de tarde de domingo 7 días la semana, 365 al año. Y regalas tu tiempo al café y a hacer nada porqué estás hasta el coño de ver las noticias, que no cuentan nada de nada de nada de nada. Y no te duchas ni te arreglas porque total, ¿Quién te va a ver? Y duermes durante el día porque así se hace más corto. Siestas antes de comer, siestas después de comer. Y preguntas continuamente a la gente a los amigos como les va, y deseas que en algún momento alguien te eche de menos y pregunte lo mismo, pero piensas que ojala no lo haga porque se sienta así. Porque ya no tienes ganas de que a nadie le vayan las cosas mal. Creo que eso es bueno. Se trata de hablar más, solo de eso. Hacerte escuchar y acercar, darte a conocer otra vez.  Fumas menos porque ya no tienes ganas. No bebes, no sales. Y no sales si no bebes. Tampoco te divierte ya pero te sientes menos vieja. Estás en ese punto en el que te crees tanto, que has conseguido que los demás te admiren. Tú te sientes poco ahora. Y a los demás les da absolutamente igual. Tienes gente en casa y no te importa quienes son, ni los vas a recibir ellos no vienen a verte a ti. Hablan y ríen y tu quieta tranquila, ríen sin ti. Que no te vean porque recuerda, llevas tres días sin ducharte y eso es desagradable. Pasas los días pensando tendría que hacer esto y debería enviar aquello, llamar a estos y pedir cita a eso que necesitaba, o que necesito. Lo comentas con todos y te dan la razón. Solo que la pereza se ha embriagado de miedo y ya no lo haces porque poco te importa. Porque al final te sientes bien. Entonces ¿lo necesitas? Empiezas a sospechar que se acerca lo peor. No buscas que hacer, porque no quieres. Esperas que cuando pase, puedas reaccionar y todo salga bien. Aunque crees que así no va a ser y temes sobretodo el tener que dar esa respuesta. Pero deseas que vaya bien hasta siempre y que no haya que dar explicaciones. Que no caigas si la ves o sí, que caigas y te hundas y te hundas hasta lo más profundo y así ella deje de verte y mirarte. Y no te diga nada cuando ya no te vea. Pero sabes que si pasa te tumbarás al suelo. Al suelo que sea, allí no podrás moverte y no tendrás que hacerlo, solo llorarás y desearás abandonar tu cuerpo con tanta conciencia que quizás lo consigas. Si fuera posible abandonarme entonces, lo haría. Decides pasar este tema y te convences que no te ha dañado pensarlo. Nada te sorprende. No esperabas poder aburrirte tanto de ti misma pero ya no quieres cosas malas en tu vida es por eso que lo evitas todo. Escuchas música buena, pero buena de verdad, nunca habías tenido tanto tiempo para dedicarlo a ello. Te gustaría leer y pintar o tocar la harmónica por ejemplo. Pero es este miedo vestido de camuflaje que te impide mover un dedo. Todo lo has dejado a medias. Todo. Es (in)creible que puedas sentirte tan realizada con lo poco que has hecho por ti. Más (in)creible es que alguien pueda sentirse orgulloso de esto. Esto soy yo. Así como me califica mi hermano. Aquí se acabaron las ganas de pensar más, es domingo, llueve mucho, mi perrita llora porque tiene miedo y la menda tiene que cuidarla. Quien le dirá que no a esa carita.


Vuelves a las andadas, a dormir cuando sale el Sol. Los truenos hacen temblar las paredes. Y por primera vez en la noche te agrada sentirte así. Es realmente decepcionante haber aguantado tanto por esto.

1 comentario: