viernes, 21 de octubre de 2011

mamá.. me haces cosquillas?

-          Pròxima estació: Vallbona d'Anoia (…)

Ya no sé si iba o volvía, el traqueteo del tren retumbaba en mi cabeza. Avanzaba, corría y de pronto frenazo. Todo tan monótono, tan gris, como las ilusiones que se escurrían, al igual que las gotas en mi ventanilla. Era invierno, o no, pero la tristeza que se respiraba ahí dentro me calaba los huesos.  
-Seis gotas de sangre- las veía, las olía, las sentía.. Solo yo. Solo mi pensamiento hacía que estuvieran ahí presentes. Se oía tanto ruido.. aún así, éramos pocos en ese vagón. Frente a mi, una niña trataba de estudiar medi con sus padres, repitiendo una y otra vez las leyes de ese tal hammurabi.. 

- Si un hombre libre vacía el ojo de un hijo de hombre libre, se vaciará su ojo.

+ Bien! Venga dime la siguiente.

- Si un hombre libre golpea la hija de un hombre libre y la hace abortar, mmmmh ¿pagará diez siclos de plata?


+ Correcta! sigue..


- Esto... Los padres no morirán por los hijos ni los hijos por los padres. Y el que le cause lesión al otro, según le hizo... emm ¿Se le cortan las manos?


+ Según le hizo le será hecho. Es eso de ojo por ojo, diente por diente, recuerdas?

La miré. Vi su mirada clavada en mi. No la apartó. 
Juro que si no la conociera, hubiera pensado que esa mujer era hermosa, su rostro despertaba tanta ternura, tanta añoranza.. Claro que lo que yo veía era solo el reflejo. Marcado de amargura. A su lado, estaba el mio. Pequeña, triste, sucia.. No supe que hacer, así que traté de sonreír tontamente, pero no fue mas que otro intento fallido. -El que cause lesión al otro, se le cortan las manos- Esa frase destrozó mi aspecto. A poco.. me dolía el pecho, seguí mirándola. Quise imaginármela, desangrándose, cada detalle pensado. Primero una, luego la otra. Ya, sin manos. Arrancadas. Sin compasión alguna. La vi llorar, patearme, desgarrarme las costillas. Pero su reflejo solo seguía mirando el mío. 

-          Pròxima estació: Sant Andreu de la Barca (…)

Me dí cuenta que seguía en el tren, ahora de día, como si a golpes hubiera crecido 10 o 15 años, descuidando mi cuerpo en ese vagón. A menudo me daba por hacer eso, abandonar mi cuerpo y volar, lejos, sola. Miré en la ventana el horizonte. No me cabe duda de que cualquiera de los que viajaba en ese tren, hubiera querido tirarse al puto campo de margaritas.. Esa sensación me inundaba los ojos, habría saltado a la vía para echarme a correr y arrancarlas a puñaos, con la misma fuerza que las hubiera clavado en el cabello de mi madre, como enamorada, le llenaría la jodida cabeza de putrefactas flores amarillentas. Ya no sabia ni a donde íbamos, ni que hacía en ese tren. Ese no era mi lugar. 
El sol se alió conmigo, y al impactar de pleno en la ventana, desapareció su reflejo. 
Como un títere de mi desmoronada inconsciencia, quise abrazarla, fue un poco demasiado forzado. Una no puede obligarse a querer a alguien que no le ha enseñado a hacerlo. Me sigue impactando el olor que desprendía, mezcla de gasolina, hospital y ropa mojada. 
A lo lejos ya se veía el cielo de cenizas digno de Barcelona. Tratando de olvidar, volví a abrirle la puerta a la miseria. Solo quedaba el último trayecto, ahora subterráneo. La miré, por última vez, parecía vulnerable. Después, oscuridad.

-          Última estació: Plaça Espanya.

Cada tres o cuatro segundos, las ventanilla y algo de luz, dejaban ver los graffitis que enmascaran las paredes negras del metro de Barcelona. Como flashes. Como esas seis gotas de sangre que se dividían y dispersaban en millones al chocar contra el suelo, nadie mas que yo veía ese espeso charco que dejaba mi aura. 
Dos segundos. Luz. La miré. Oscuridad. Tres segundos. Luz. No había nadie. Oscuridad.
Si es que no había habido nadie a mi lado en todo el trayecto. 
En medio de ese juego de sombras, mi reflejo se dejó ver, otra vez, pidiendo a gritos una huida.. Todos en ese vagón fuimos demasiado sordos para querer escucharlo y ya no quedaba nada.. El tren parado y yo dentro, sola, con esa enorme sonrisa que no expresaba mas que anhelo, de felicidad o sexo quizás. Y ya fuera, en la boca del metro, una mujer con ambas manos amputadas, se acercó a mi, al igual que a tantos otros, regalando los abrazos mas fríos y crueles que puedas desear. Solo fui en busca de eso, del poco cariño que se puede ofrecer.. En ese instante se paró el mundo. En sus ojos, lo mas profundo de sus entrañas. Y en el último suspiro, caí en el suelo, derrotada, ahogada, mientras que ella se lavaba la sangre de las manos... estoy segura, me escuchó susurrar, el que le cause lesión al otro, según le hizo, le será hecho..    


lunes, 3 de octubre de 2011

Ones d'escuma i sal
que compassades
gronxen estels cansats
de la calor.

Marques de peus petits
mig esborrades,
restes d'amors prohibits
que ja no hi son.

Quan la platja es queda sola
tot es torna etern.
Des de l'aigua el cel tremola
com un arbre
espantat pel fred de l'hivern.

Traços que resseguits
damunt la sorra
mostren secrets escrits
en forma de nom.

Sembla que el món sencer
vol una pausa.
Bufa el vent de serè
i em dona bo.

Tot és lluny aquí a la platja
ara que estic sol,
poc a poc la gent s'amaga dins les cases
mentre l'aire
anuncia un altre tardor..